El desafío de los productores integrados ante el mayor consumo de carne de cerdo
Javier Bottero, engordador de la zona de Seguí, forma parte de un esquema asociativo que le permite trabajar en forma redituable. Enfrenta, sin embargo, el reto de crecer en materia de infraestructura y la necesidad de incorporar mano de obra sin resignar renta. Danilo Lima
La Granja Reynafe, conformada en 2010, es un modelo entrerriano de integración porcina que une productores agrícolas con engordadores bajo un esquema asociativo.
Ese esquema funciona con una granja central que produce lechones y un grupo de productores asociados que hacen la fase de engorde y terminación. La cadena, en consecuencia, va desde la producción agrícola hasta llegar con marca propia al consumidor
Todos trabajan con la misma genética porcina en todas las granjas para tener calidad homogénea.
Los objetivos, desde el inicio, fueron agregar valor al maíz local transformando granos en carne; compartir riesgos –entre productores agrícolas y de porcinos–; escalar en producción sin que cada productor tenga que hacer ciclo completo; y llegar a la góndola con marca propia, reduciendo la intermediación.
Desafíos
Javier Bottero, productor agropecuario –y jubilado, agrega– de la zona de Seguí, en el departamento Paraná, es uno de los integrados que trabaja junto a su hijo en dos galpones de engorde. “Nos traen el lechón de alrededor de 25 kilos, y los llevan a los 100 días con unos 100 kilos más”, comentó.
El trabajo es arduo porque “hay que estar todos los días, recorrer los galpones, hacer un mantenimiento constante –especialmente por el desgaste de las instalaciones–, estar atentos a las cuestiones sanitarias, y cuando el animal se pone gordo, pesado, es bastante difícil de manejar”, relató.
Bottero dijo que el esquema integrado “nos resulta redituable porque lo hacemos mi hijo y yo”. Para crecer en la actividad, sin embargo, “necesitaríamos un tercer galpón pero somos conscientes de que eso implica, en primer lugar, una inversión importante, y, además, contratar a una persona. Y esa contratación tal vez nos lleve la ganancia producida por ese tercer galpón, porque a la gente para que trabaje y rinda bien hay que pagarle bien, hay que pagarle un salario acorde a la tarea que desarrolla”.
Ganancia de peso
Bottero, en declaraciones al programa Campo Industria, que conduce Fabián Miró, precisó que la ganancia de peso diaria de los animales es de un kilo y, por eso, a los 100 días engordan, en promedio, unos 100 kilos, aunque hay algunos que salen con 110 y hasta 140 kilos más.
Explicó, además, que realiza tres crianzas al año porque cada engorde es de 100 días y, una vez que sale una tanda pasan unos 15 días hasta que llega la próxima. “Tres engordes de 100 días son 300 días, y 15 días entre tanda y tanda son 45 días, es decir 345 días en total, por lo que te quedan 20 días para unas vacaciones”, agregó.
Bottero consideró que la actividad de engorde es ideal para aquel productor que tiene poca superficie, porque, en ese caso, puede aprovechar el purín –el subproducto compuesto por una mezcla líquida o semilíquida de heces, orina, agua de limpieza y restos de pienso– para fertilizar, aunque no es algo sencillo, y hacer una pastura o algún cultivo.
Crecimiento
De cara al futuro, el objetivo de los integrantes de este emprendimiento asociativo es ampliar la cantidad de madres por lo que las expectativas de crecimiento son palpables, y va de la mano del aumento del consuno de carne de cerdos.
Con este horizonte, los integrados, como Bottero, enfrentan el desafío de superar las limitantes actuales y trabajar para alcanzar el objetivo de producir más.
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