¿Volverá a sembrarse maní en Entre Ríos?
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) comenzó a evaluar el potencial del cultivo de maní en Entre Ríos mediante un ensayo desarrollado en la escuela agrotécnica del departamento Colón. La experiencia se realizó sobre una superficie aproximada de un cuarto de hectárea y buscó determinar cómo responde la planta a las condiciones de suelo y clima de la zona, además de analizar sus posibilidades productivas. Danilo Lima
El ensayo surgió a partir del crecimiento de una empresa colonense dedicada a la elaboración de pasta de maní y otros productos. La firma compra la materia prima en Córdoba, principal provincia productora de maní, y ese escenario impulsó a técnicos, docentes y emprendedores a evaluar la posibilidad de producir el cultivo en la provincia.
“Es un ensayo inicial, como para empezar a ver qué perspectivas tiene el maní en la zona”, explicó José Chiossone, jefe de la Agencia de Extensión Rural (AER) Colón del INTA, dependiente de la Estación Experimental Agropecuaria Concordia, y contó que la iniciativa comenzó por el vínculo entre la escuela agrotécnica local y un grupo de jóvenes emprendedores de Entrenuts, empresa que incrementó el volumen de procesamiento y debe adquirir el maní en Córdoba.
El director de la escuela, Francisco Peragallo, tomó contacto con los emprendedores y planteó la posibilidad de intentar producir el cultivo en la zona. A partir de esa propuesta se conformó un equipo de trabajo integrado por representantes de la institución educativa, técnicos de la AER y especialistas del INTA.
El grupo también consultó a Ricardo Haro, técnico del INTA Manfredi, en Córdoba, quien aportó conocimientos específicos sobre el manejo del maní y se mostró interesado en el proyecto.
El ensayo se llevó adelante en el sector hortícola de la escuela, sobre una superficie aproximada de un cuarto de hectárea. La parcela se seleccionó por las características de su suelo, que históricamente fue utilizado para cultivos como la batata.
La experiencia “incluyó aproximadamente cuatro líneas de siembra, separadas por 70 centímetros y con una extensión cercana a los 100 metros”, precisó Chiossone, añadió que el lote presentaba buenas condiciones de fertilidad porque había sido utilizado previamente para horticultura y había tenido cultivos de vicia y avena. Aclaró que el suelo no había sido analizado inicialmente, aunque su historial productivo permitía considerarlo fértil. “Esa condición fue uno de los factores que favoreció el desarrollo de las plantas durante esta primera experiencia”, resaltó.
Resultados que entusiasman
Los resultados iniciales fueron positivos. “El cultivo alcanzó rendimientos superiores al promedio nacional, tuvo un buen desarrollo vegetativo y no presentó problemas de enfermedades”, agregó Chiossone. Advirtió, sin embargo, que “los datos todavía no permiten sacar conclusiones definitivas porque se trató de una parcela pequeña y de una sola campaña”.
“El ciclo se nos alargó un poco más de lo que esperábamos”, indicó, pero a pesar de ese retraso “las plantas tuvieron un desarrollo adecuado y no se registraron inconvenientes sanitarios. Esa respuesta fue considerada relevante porque una de las dudas iniciales estaba relacionada con la adaptación del maní al ambiente entrerriano”.
Suelos y clima, los principales desafíos
El maní requiere suelos livianos, especialmente por la forma en que desarrolla sus vainas debajo de la superficie. Según explicó el técnico, el suelo debe permitir que el clavo —el tallo o ginóforo especializado que crece hacia abajo tras la polinización para enterrar el ovario y formar el fruto bajo la tierra— avance con facilidad y forme la vaina. Además, durante la cosecha, la tierra debe desprenderse sin dificultad para que el producto quede limpio.
En ese punto, remarcó, la zona del ensayo presentó una condición favorable. Los suelos arenosos de la costa del río Uruguay, utilizados históricamente para la producción de batata, pueden facilitar el desarrollo y la extracción del maní.
El segundo desafío está relacionado con el clima durante la cosecha. El maní se siembra en primavera y se extrae de la tierra en otoño. Después de ser arrancado, debe darse vuelta y quedar expuesto al sol y al aire para que pierda humedad antes de la trilla.
El problema es que los otoños entrerrianos suelen ser húmedos. Por ese motivo, el equipo buscó trabajar con un ciclo más corto, de modo que la cosecha pudiera realizarse a fines de enero o principios de febrero, antes del período de mayores lluvias.
Malezas y fechas de siembra
El ensayo también permitió identificar dificultades de manejo. Como se trató de una experiencia realizada dentro de una escuela, no se utilizaron herbicidas. El principal problema fue la presencia de cebollín, una maleza que debió controlarse de forma manual.
Para la próxima campaña, el equipo prevé repetir la experiencia, ampliar moderadamente la superficie y evaluar distintas fechas de siembra. También se analizará la incorporación de otros cultivares y de herramientas químicas para el control de malezas.
“Ricardo Haro decía probar alguna fecha de siembra”, señaló Chiossone por lo que ahora “la intención será determinar si un ajuste en el calendario permite acortar el ciclo y evitar que la cosecha coincida con el período más húmedo”.
La cosecha, bajo análisis
Debido al tamaño reducido de la parcela, el trabajo se hizo manualmente, con la colaboración de docentes y alumnos de la escuela. “Como era un ensayo chiquito, lo hicimos manual, con layas y con ayuda de varios profesores y alumnos”, explicó Chiossone.
El técnico advirtió que ese sistema resultaría complejo si la superficie aumentara a dos o tres hectáreas. Por eso, la disponibilidad de maquinaria específica aparece como una condición necesaria para evaluar una eventual producción comercial.
Prudencia
Quienes formaron parte de la experiencia evitaron anticipar si el cultivo de maní podrá convertirse en una alternativa productiva estable para Entre Ríos. La primera experiencia fue alentadora, pero el equipo consideró necesario repetir los ensayos y analizar el comportamiento del cultivo en distintas campañas.
El objetivo inmediato será obtener más información sobre fechas de siembra, duración del ciclo, control de malezas, elección de cultivares y posibilidades de cosecha. La continuidad del trabajo permitirá establecer si los buenos resultados iniciales se repiten bajo otras condiciones.
Antecedentes
En Entre Ríos, el cultivo de maní estuvo presente durante la década de 1970, cuando alcanzó unas 260 hectáreas sembradas y un rendimiento promedio de 660 kg/ha, pero en la actualidad, la producción primaria es inexistente.
El cultivo de maní en Entre Ríos, en definitiva, dejó de ser una posibilidad desconocida para convertirse en una línea de evaluación concreta. El ensayo en Colón todavía se encuentra en una etapa inicial, pero sus primeros resultados abrieron una perspectiva para una actividad vinculada hasta ahora, principalmente, con Córdoba y otras zonas más secas y arenosas del país.
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